• En cierta medida, está en sus manos el tener un sistema inmunológico fuerte para superar la crisis del coronavirus física y mentalmente.

Por primera vez, la mayoría de nosotros experimenta este estado de emergencia debido a un virus. Muchas cosas parecen estar fuera de control. Desaparecen las rutinas familiares, nadie puede predecir lo que va a suceder.

Por eso, es muy importante mantenernos fuertes y saludables. Para ello es imprescindible mimar y fortalecer nuestro sistema inmunitario. 

¡Comer saludable!

En realidad, siempre es importante ayudar al cuerpo y a la mente con una dieta saludable, pero ahora es particularmente relevante. Se ha demostrado que una alimentación saludable reduce el riesgo de adquirir enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. También reduce la probabilidad de depresión y ansiedad.

Los mejores alimentos para nuestra psique son aquellos que también son saludables para nuestro cuerpo. Nuestro cerebro se beneficia principalmente de los carbohidratos complejos, como los que se encuentran en frutas, verduras y cereales integrales. La energía de esos alimentos se libera lentamente, lo que tiene un efecto estabilizador en nuestro estado de ánimo.

Una dieta que fortalece nuestro sistema inmunológico incluye alimentos con un alto contenido de vitaminas A, B, C, D y E, así como los minerales hierro, zinc y selenio.

El complejo de vitaminas B se encuentra en abundancia en vegetales verdes como el brócoli y las espinacas, pero también en frijoles, plátanos, huevos, aves, pescado y remolacha. También son importantes para que nuestro cerebro libere las hormonas de la felicidad serotonina y dopamina. La depresión a menudo también se debe a la falta de B6, B12 y ácido fólico (B9).

El estado de nuestro intestino tiene una fuerte influencia en nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar psicológico. Los prebióticos y probióticos, que se encuentran en alimentos fermentados como el kéfir, el tempeh, el chucrut, el kimchi y el yogur, tienen efectos antiinflamatorios y pueden mejorar nuestro estado de ánimo y las funciones cognitivas.

 
 
 
 
 
 
 
 

¡Buenas noches!

Mientras dormimos, nuestro cuerpo continúa trabajando incansablemente: se reparan las células, se eliminan las toxinas, se procesa la información y se fortalece nuestra memoria. Las investigaciones han demostrado que la privación del sueño tiene consecuencias de largo alcance para nuestra salud y puede tener un impacto negativo en nuestro bienestar psicológico e incluso en nuestra inteligencia emocional.

El no dormir también nos hace más susceptibles a enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardíacas.

Del mismo modo que seguimos ciertas rutinas de alimentación, trabajo y deporte, el ritmo de sueño regular es importante. Para la mayoría de las personas, seis a nueve horas de sueño son suficientes. Además, acostarse y levantarse a horas similares todos los días puede ayudar a mantener rutinas.

Si tiene problemas para conciliar el sueño, evite las noticias y mirar pantallas, porque la luz azul reduce la calidad de su sueño. ¿Qué tal si lee un libro?

¡Arriba, arriba! ¡A moverse!

El movimiento inunda nuestros cuerpos con hormonas de la felicidad. Estas nos hacen dormir mejor, reducen el estrés y la ansiedad y agudizan nuestra memoria y percepción.

El ejercicio y el deporte también funcionan en casa. La OMS recomienda unos 30 minutos al día, incluso repartidos entre tres sesiones. Lo principal es adquirir rutina.

Ya sea yoga, pilates o baile, muchos entrenadores de deportes ofrecen ahora cursos en línea, a veces incluso gratis. O, por ejemplo, maratón en el balcón o bajar y subir las escaleras de su edificio corriendo.

Varios estudios demuestran que solo dos horas semanales en la naturaleza tienen una influencia positiva en nuestra salud mental y corporal. 

 
 
 
 
 
 
 
 Juntos y menos solos

Los amigos son más importantes ahora que nunca. Se ha comprobado que las relaciones sociales son tan importantes para nuestra salud como una dieta saludable, el suficiente ejercicio y las horas de sueño.

Las aplicaciones como Zoom, Houseparty o Google Hangouts no solo hacen posible las cenas virtuales, sino también los paseos "compartidos". O haga una cita para hacer manualidades y dibujar juntos.

¡A relajarse! 

El aislamiento social podría ser una oportunidad para olvidar el mundo por un tiempo y tomar un descanso de las noticias. Simplemente, porque nos podemos dar ese capricho.

Piénselo: ¿qué ha querido hacer durante años, pero nunca ha logrado? ¿Jardinería, cocinar, hornear, desconcertar, retocar, coser, meditar, construir muebles o leer la pila de libros al lado de la cama? Ahora es el momento perfecto para hacer al menos algunas de estas cosas.

Si todavía no está seguro de cómo sobrevivir al aislamiento, la OMS tiene otro consejo: use todas las medidas y habilidades que lo ayudaron a lidiar con situaciones difíciles en el pasado. (rmr/few)

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Por Rocío Mundo Espejel

 

México, 31 Mar (Notimex).- Hasta ahora no existe evidencia científica de que el Coronavirus COVID-19 pueda transmitirse a los bebés a través del líquido amniótico o la lactancia, afirmó el especialista en ginecología y obstetricia, Manuel Sánchez Hermosillo.

 

En entrevista con Notimex, explicó que la única manera en la que el virus podría afectar al bebé es en caso de que la madre presente temperaturas por arriba de 39 grados centígrados o síndrome infeccioso durante el embarazo, lo que derivaría en complicaciones del desarrollo.

 

“En la actualidad, de acuerdo con todos los estudios existentes, el virus no pasa a la placenta ni al líquido amniótico, por lo que no puede afectar al feto directamente”, explicó.

 

De igual manera, tampoco hay evidencia científica para adelantar el parto o recurrir a una cesárea.

 

Una mujer embarazada con diagnóstico confirmatorio de COVID-19 no requiere una monitorización fetal exhaustiva, aunque se debe evitar el descuido de las consultas de rutina, agregó.

 

Al respecto, mencionó que para asistir a la consulta es recomendable acudir con un solo acompañante, ser puntual para evitar conglomeraciones en la sala de espera y notificar al médico de manera previa si se presentan síntomas de infección respiratoria.

 

Sánchez Hermosillo también aseguró que aunque una mujer lactante con Coronavirus no transmite la enfermedad a través de la leche, sí puede hacerlo por el contacto que ésta tiene con el bebé. Por ello, dijo, es recomendable utilizar un cubrebocas para evitar que el virus ingrese al organismo.

-Fin de nota-

 

NTX/RME/ACP

Por Mario Bravo Soria

[La sección cultural de Notimex sostuvo una conversación con el historiador Enrique Semo, quien tras una larga trayectoria intelectual sigue indagando en el pasado de nuestra sociedad mexicana, actualmente a través de la publicación de su más reciente obra intitulada La Conquista. Catástrofe de los pueblos originarios, editada en dos volúmenes bajo el sello de Siglo veintiuno…]

México, 26 de marzo (Notimex).— El historiador Enrique Semo nació en Bulgaria durante el año de 1930, a inicios de una década que ya prefiguraba al terror y la barbarie que la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)  traería consigo. Sus padres al sentir cercanamente los incesantes acechos del nazismo, decidieron emigrar primeramente hacia Francia, pero ante el avance del horror propio del exterminio de judíos por parte del proyecto de muerte y aniquilamiento encabezado por Adolf Hitler, la familia del hoy historiador optó por viajar a un lugar más seguro, que les garantizara algo que en épocas de atrocidades y campos de exterminio no era, para nada, poca cosa: la vida.

      Así emprendieron un largo viaje rumbo a México, país que les acogió y brindó oportunidades para sobrevivir y preservar un futuro que en Europa estaba signado con el nombre de la muerte y el olvido. Era 1940, año en que nuestro entrevistado llegó a un territorio totalmente diferente a lo que él conocía durante sus primeros días de vida; nuevos paisajes, nuevas costumbres y comidas, otros sonidos, otras palabras y otra historia… pero todo mejor en comparación con lo dejado en la vieja patria, en donde un destino fatal ya pendía por sobre las frentes de los integrantes de la familia Semo Calev.

      Conozcamos así el itinerario de viaje geográfico e intelectual del también investigador emérito de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien a sus 90 años de edad aún sigue generándose preguntas que le formula al pasado, intentando así cumplir con uno de los deberes principales de un historiador, según él mismo expresó durante esta entrevista: explicar por qué sucedieron así las cosas durante los tiempos pretéritos.

 

 

 

 

 

 

México, un cuento de hadas... 

—¿Cómo recuerda esa infancia en donde estar en otro país representaba, si bien seguridad de mantener la vida, pero también me imagino que cierta incomodidad y temor dentro de su condición de extranjero...?

      —Recuerdo los dos años cuando estuve en la guerra (porque nosotros escapamos de Europa durante el año 1942) como una serie de tragedias, pero también resalto el genio de mis padres que me supieron hacer vivir una época terrible con el mínimo de traumas. Tuve padres muy cariñosos e inteligentes. Nosotros vivíamos al borde de la muerte, desde 1939 hasta 1942, pero yo nunca lo sentí así por el trato de mis padres.

      “Fuimos desde Bulgaria en el famoso tren Orient Express hasta Francia, en donde vivimos dos años. Primero estuvimos en París, de ahí entraban los alemanes por un lado y por el otro salíamos nosotros, hasta Marsella, lo más lejos posible de los nazis. De ahí Francia quedó dividida: bajo los franceses y la que se hallaba ocupada. Nosotros vivimos en la Francia libre, pero en realidad el gobierno de Philippe Pétain y la policía francesa hacían todo lo que los alemanes les decían.

      —Y entonces sus padres decidieron emigrar hacia México…

      —Cruzamos España, después Portugal y desde Lisboa un barco de carga nos trajo a México.

      —Llegan a México, ¿cómo fue esa protección materna y paterna hacia usted, en el sentido de resguardarlos de los temores?

      —En Veracruz fue como llegar a un cuento de hadas… todo era diferente a Europa… ¡para mis ojos, claro! Primero fuimos al mercado: los olores del mercado mexicano, la abundancia absoluta de todo lo que no había en Europa y además, los frutos que eran de los trópicos, también la forma de hablar de los vendedores:

      “—¡Marchante, pruebe este mango…!

      “Todo era raro en ese sentido. Después, los hombres indígenas vestían de color  blanco, lo que nos impresionó mucho. Luego el viaje en el tren Veracruz - México que (debido a una huelga) se realizó en 24 horas… ¡Fue todo maravilloso...!”.

 

 

Lector de Salgari

—¿Cómo fueron sus primeros acercamientos o inquietudes con la Historia como disciplina y método para entender lo que sucedía en el mundo?

      —Mire, yo soy un gran lector de novelas, desde la edad de 9 o 10 años. Emilio Salgari, por ejemplo, me leí todo Salgari. Karl May que escribía sobre los indios norteamericanos, los comanches, los apaches... todo Karl May, que son como veinte libros. Esas novelas me crearon la imaginación histórica.

      “No entendía yo bien a bien por qué los personajes hacían lo que hacían, me parecía  raro, pero me dio el interés de entender por qué era así. Esos son excelentes autores. Después dentro de mi escuela en Marsella, había una maestra que me enseñó los autores de la provincia francesa, que hablan mucho de niños. Otra idea maravillosa, una realidad que yo desconocía.

 

 

Los años universitarios

—¿Usted en dónde estudió la licenciatura?

      —Mire usted, la historia es complicada. Mi licenciatura de economía la estudié en Israel, en donde hice cuatro años de estudios en la Universidad de Derecho y Economía, que había en ese entonces, una universidad que ya no existe. Después de estudiar economía ahí, me formé en Historia desde cero aquí en México, dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Mi maestría y doctorado fueron en la Alemania democrática, un país que ya no existe, en una universidad que sí existe pero no es ni la sombra de lo que era, me refiero a la Universidad Humboldt de Berlín.

      —¿Cuáles serían las corrientes, dentro del plano historiográfico, en donde usted se adscribe? ¿Quiénes serían para usted los referentes en la Historia como disciplina?

      —Tuve mi formación histórica desde la edad de veintitantos años, sobre todo a través del grupo de historiadores marxistas ingleses: Eric Hobsbawm, E. P. Thompson, C. Hill, todos ellos historiadores marxistas ingleses. También me influyeron mucho los pertenecientes a la Escuela de los Annales, que fundaron la revista Annales. Me ayudó en eso el hecho de que hablaba los idiomas perfectamente y leía en francés e inglés, cosa que ahora ya no es problema debido a la ayuda que representa  la computadora, pero en mis tiempos había que aprender idiomas…

 

 

 

 

 

 

La fiebre de la guerra

—En ese sentido, E. P. Thompson desarrolló el concepto de Experiencia, es central en cuanto a los trabajos que usted ha realizado….

     —Claro, mi experiencia fue esa: que la guerra es una tragedia terrible. ¡La gran tragedia humana! Es algo que uno desde el punto de vista humano no se puede explicar: ¿por qué se estaban matando? Murieron 50 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial. Yo viví eso, claro, como niño… pero la fiebre de guerra estaba en todos mis días.

      “Después en México, tuve una gran impresión al mirar la gran diferencia entre los pobres y ricos. En Europa también había diferencia, pero nada parecido. La diferencia existente en México entre pobres y ricos me dejó verdaderamente sin habla y me marcó para toda mi vida. Yo no había visto en Europa nada parecido.

 

 

El indio: un invento de los conquistadores

—Lo siguiente es una hipótesis mía, usted me dirá si concuerda o no: en Europa supongo que la pobreza se puede analizar desde un componente de clase… es un tema meramente económico; en contraste, en México no sé si el tema del racismo sea la causa preponderante en cuanto a quiénes son pobres y quiénes no…

      —Sí señor, también eso me impresionó. Que la gente morena era predominante entre los pobres y la gente blanca predominaba entre los ricos. Me recordó el problema de racismo que nosotros vivimos en Europa, específicamente en contra de los judíos.

      “Yo soy un judío laico, es decir, nunca fuimos religiosos. Lo único que festejábamos eran las seis fiestas, comíamos mucho y muy bien, hacemos fiesta con la familia, es todo. Nunca hubo práctica religiosa porque mi padre era un liberal, un laico.

      “Entonces, como judío laico, me pregunta la gente si todavía me considero judío. Yo les digo que sí, ¿por qué? Los judíos son un pueblo que ha sido perseguido, discriminado, asesinado durante 2000 mil años. ¿Por qué voy a renunciar a mi pertenencia a eso? No renuncio…  

      —El racismo no es solamente inferiorizar al otro por su color de piel…

      —Hay muchas formas de racismo. Para los españoles que vinieron a México, su problema no era tanto la piel del moreno en contraposición a la del blanco, sino el invento de un concepto: "el indio". Es un concepto porque en la realidad no hay tal… existían Aztecas, mil pueblos diferentes, pero no había un indio. Ese es un invento español para distinguir a los pueblos originarios de ellos, quienes se consideraban ultra superiores, ¡hasta llegaron a discutir si los indios tenían alma o no…!

      —Juan Ginés de Sepúlveda en el Juicio de Valladolid [1550-1551] dijo que los indios eran "Pueblos sin alma…”.   

      —¿Sabe por qué decidieron que sí tenían alma? Porque la iglesia católica estaba en un predicamento: los protestantes que habían surgido en 1521 les estaban quitando muchas almas, todas las almas de Alemania, Inglaterra, el norte de Francia se hacían protestantes: entonces era cuestión de ganar nuevas almas… ¡Pues los de América tienen alma…! ¡Sí tienen! [risas].

      —Tienen alma… sin embargo, Bartolomé de Las Casas diría: "sí son seres humanos, pero son bárbaros a cristianizar", es decir, ¿no será que desde ahí empieza la condición de pobreza de los pueblos originarios que actualmente se sigue viviendo?

      —Sí. Mire usted, las sociedades prehispánicas (tanto en el centro de México como en el norte, sur o el este) eran tremendamente igualitarias, sí había diferencia de clase pero no se compara con lo que se produjo en el sistema colonial. Los indios estaban abajo, como eran inferiores y muchos en cantidad, incluso se les podía explotar corriendo el riesgo de que perdieran la vida.     

      “Los indios ‘sin alma’, los pueblos originarios han estado en la parte baja de la sociedad desde entonces y hasta hoy. Esa es la terrible herencia del colonialismo español, porque no hay razón en realidad. Si hubiera habido un desarrollo sin europeos habría indios ricos e indios pobres, pero esa condición de estar abajo y explotados, eso es el colonialismo.

 

 

 

 

 

 

Mirar la Conquista desde el conquistado 

—Un judío, Walter Benjamin, apostó por cepillar la historia a contrapelo. ¿A México le haría falta eso?

      —Lo que hice en mi libro es tratar de ver la conquista desde el punto de vista del conquistado. Para eso tuve una gran deficiencia: yo no hablo los idiomas indígenas, pero leí todo lo que había, incluso aquello que escribieron indígenas mestizos sobre la época. Simplemente si uno pone como punto de visión a los indígenas, miraremos una Historia completamente diferente.

      —Desde hace varios años, existe una "moda" pero también es una teoría que se llama el Giro Decolonial. Hoy en día está muy de moda, pero ya desde los años sesentas tanto Pablo González Casanova como Rodolfo Stavenhagen venían haciendo ese tipo de pensamiento. ¿Con lo decolonial cómo se relaciona usted? ¿Cómo lo percibe?  

      —El colonialismo está ligado como el hermano siamés del capitalismo. No existía antes del siglo XVI. Alejandro Magno conquistó imperios, pero un imperio es muy diferente a una colonial. La colonia sólo existe desde que el capitalismo comenzó a surgir en el siglo XVI. Es una relación de explotación mucho más terrible que la existente en los imperios.

      “Así que esa explotación incluye la destrucción del ser cultural, porque obligaron a un pueblo a renunciar a su religión en el siglo XVI, los orillaron a renunciar a toda su cultura, su idea del bien y del mal, su noción de relación con la naturaleza, su forma de casarse, las relaciones entre hombre y mujer... destruyeron todo eso. Los indígenas quedaron, después de ese proceso de destrucción, como niños, que no tienen idea de lo bueno y malo. Los cristianos y los sacerdotes se portaban muy bien, vivían como ellos, pero venía el conquistador y los mataba, ¿cuál es el mensaje real? Fue terrible.

      —Pablo González Casanova hablaría de que se generó hasta nuestros días un colonialismo interno en lo económico y Aníbal Quijano afirmó la existencia de una colonialidad del poder.

      —Sí señor, con los dos estoy de acuerdo. Además, sumando lo de González Casanova (que por cierto, es mi amigo y es un hombre tremendamente longevo a quién yo admiro mucho), yo diría que está el problema de clases, no solamente del colonialismo. Porque el problema de los pueblos originarios, es que todos quedaron en las clases  de abajo, las clases trabajadoras y lo terrible es que interiorizaron la visión del dominador: se vieron a sí mismos con los ojos del dominador, es lo más terrible. 

      —Habrá que romper eso en algún momento de nuestra historia como país.

      —Ha habido rupturas en nuestra historia, por ejemplo, de hecho, el zapatismo fue un movimiento indígena, ¿no? Ahí hay una ruptura. Ha habido rupturas, pero hasta hoy todavía existe un país de dos culturas, de dos formas de vida...

 

 

Un próximo libro

—Maestro, finalmente, tras la publicación de estos dos volúmenes de la Conquista... ¿para qué sirve la Historia, según Enrique Semo?

      —La Historia, según yo (porque hay muchas definiciones) debe servir para contestar a preguntas que nos hacemos en el presente o no sirve para nada. No se puede reunir materiales que están en archivos y saber cómo pasaron las cosas, el material de archivo no dice eso, sino que dice cómo la gente de aquella época pensó que pasaban las cosas… al historiador le corresponde explicar.

      “Es plantear preguntas que parten del presente. Las preguntas que planteamos a la historia parten del presente, entonces yo impresionado a causa de que el racismo no cesa, de que ha habido una pobreza de los de abajo en la historia de México (desde el siglo XVI y no ha parado hasta hoy. Tenemos 50% de gente pobre, ¿yo no sé cómo se puede hablar del éxito de una economía con esta cifra? Es una economía fracasada), decía, impresionado por eso me puse a responder a una serie de preguntas… ¿por qué existe esa diferencia entre pobres y ricos? 

      “Segundo, le voy a plantear una pregunta. Después del sitio de Tenochtitlan, que duró tres meses de batallas de día y noche, no es cualquier cosa porque no fue un sitio pasivo. Día y noche se peleó: ¿Por qué después de tres meses, habiendo un ejército de aliados de los españoles, de cerca de 200 mil hombres…. por qué cuando cayó Tenochtitlán le dieron el poder a Hernán Cortes? ¿Por qué esos 300 mil guerreros armados no le dijeron a Hernán Cortes y a sus 700 hombres: "queremos el poder"?

      —¿Cuál es la hipótesis de usted?

      —Ah…, tienen que leer mi próximo libro que se intitulará El sitio de Tenochtitlan.

      —Ya lo está escribiendo...

      —Ya, lo estoy pensando.

 

 

 



NTX/MBS/VRP/JC

Hermosillo, 26 Mar (Notimex).- El primer paciente positivo a COVID-19 en Sonora, fue dado de alta y se encuentra estable de salud, confirmó la Secretaría de Salud Pública del estado (SSP).

 

La vocería de la dependencia pública informó que el hombre de 72 años que resultó positivo al citado virus epidemiológico, ya concluyó su estadía en el nosocomio, mismo que abandonó por su propio pie.

 

El pasado 16 de marzo, la persona del sexo masculino, músico de oficio, viajó al estado de Illinois, Estados Unidos, de donde regresó con síntomas respiratorios.

 

Según informó la Secretaría de Salud, el paciente abandonó la institución de sanidad desde el pasado 24 de marzo en punto de las 12:40 horas (tiempo del Pacífico).

 

A la fecha, ocho personas en Sonora han dado resultado positivo por el virus COVID-19, las que la autoridad estatal decretó estado de emergencia sanitaria y anunció medidas para frenar el índice de propagación.

 

-Fin de Nota-

 

NTX/ALM/GVG

  • El primer paciente del coronavirus en China dio positivo a principios de diciembre. Cien días después, el nuevo virus está volviendo loco al mundo entero. Sólo con la razón podemos superar la pandemia, dice Dang Yuan.

El fantasma del coronavirus acecha por todo el mundo. Por temor a su propagación, más y más países se están aislando. Todo el mundo tratando de cuidarse. Ya hay 20 países en todo el mundo que han declarado medidas de emergencia o calamidad. Los mercados de valores se derrumban día tras día, y algunos están acaparando alimentos y suministros. Nuestro mundo y la realidad de nuestras vidas se están deformando a una velocidad surreal.

Hay dos preguntas claves: ¿Cómo pudo suceder esto? y ¿qué es lo que está pasando realmente? Una mirada atrás: hace exactamente 100 días, el 8 de diciembre de 2019, se confirmó la primera infección de coronavirus en Wuhan, una metrópoli de China central. El régimen comunista mantuvo durante semanas en secreto la enfermedad viral altamente contagiosa, parecida al SARS, hasta que el gobierno central en Beijing implementó medidas drásticas, prácticamente de la noche a la mañana. Varias megalópolis fueron selladas, se impusieron toques de queda. Todos los vuelos, así como las conexiones por carretera y ferrocarril a la provincia de Hubei permanecen suspendidos desde entonces.

Déjà vu chino

Lo que escuchamos de China hace dos meses, y que en Europa nos pareció desproporcionado, está sucediendo ahora mismo, justo frente a nuestra propia puerta: se están cerrando gradualmente escuelas e instituciones no relevantes para el funcionamiento de la infraestructura. La vida cultural y deportiva ya cesaron. Los productos médicos necesarios, como los trajes protectores y las mascarillas, también están escaseando en Alemania. Y hemos aprendido de lo que está pasando en China: las restricciones se están volviendo aún más estrictas.

Algunos virólogos dicen que el nuevo SARS-CoV-2 no es más peligroso que la ola anual de gripe. Pero la comunidad mundial es mucho más sensible a este patógeno potencialmente mortal. ¿Es porque el primer caso se detectó en la China comunista y su génesis está llena de interrogantes? ¿O porque es algo nuevo y desconocido y la ignorancia genera miedo?

Globalización irreversible

Vivimos en un mundo completamente diferente al de hace una generación. La dependencia interestatal e interpersonal aumenta constantemente, a pesar de la distancia geográfica. Lo llamamos interdependencia, o simplemente globalización. Esta tendencia es irreversible. La gente ahora puede llegar a todos los rincones del mundo en 24 horas, y con ella, las bacterias y virus que no queremos.

La pandemia del coronavirus requiere de una respuesta mundial. El intercambio de información y las medidas de protección deben coordinarse internacionalmente y concebirse como si provinieran de una sola fuente con el fin de obtener los efectos esperados. Aquellos que actúan en solitario, y solo para beneficio propio fracasarán.

La renuncia como virtud

Culpar al responsable del desastre no ayuda en la lucha contra la epidemia. Como tampoco sirve ensañarse con el culpable de la recesión económica que será inminente. Este es el momento de que cada uno asuma su propia responsabilidad social para no poner en peligro el bien común. La renuncia es también una virtud necesaria en estos días, para que la normalidad pueda ser restaurada lo antes posible.

En este momento crítico, todos los humanos juntos estamos siendo desafiados. Debemos unirnos, evitar contactos sociales innecesarios y seguir lavándonos las manos regularmente. Sólo de esta manera podemos lograr acortar la duración de las restricciones. Los virus mutan para sobrevivir. El homo sapiens puede ser muy superior después de la evolución, pero su genética permanece constante. Si salimos victoriosos de esta enfermedad, es gracias a nuestras defensas físicas, y a nuestra razón.

(jov/cp)

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