Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Oxford (Reino Unido), ha identificado una nueva clase de planeta fuera del Sistema Solar que no encaja en ninguna de las categorías conocidas hasta ahora, caracterizado por albergar enormes cantidades de azufre en las profundidades de un océano permanente de magma.
Un exoplaneta con atmósfera rica en azufre
El planeta, denominado 'L 98-59 d', orbita una estrella situada a unos 35 años luz de la Tierra; presenta una densidad sorprendentemente baja y una atmósfera rica en gases de azufre, lo que desconcertó inicialmente a los astrónomos, que han publicado los resultados de su investigación en la revista Nature Astronomy.
El descubrimiento del nuevo planeta, que tiene 1,6 veces el tamaño de la Tierra, podría ampliar significativamente lo que se conoce hasta ahora sobre la diversidad de mundos en la galaxia, han subrayado los investigadores, que han utilizado las observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb, junto con observatorios terrestres, para revelar la presencia de sulfuro de hidrógeno y otros compuestos de azufre en la atmósfera del planeta.
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Un mundo que no encaja en las categorías conocidas
Estas características no encajan con las categorías habituales en las que se clasifican los planetas pequeños, como las enanas gaseosas rocosas con atmósferas de hidrógeno o los mundos ricos en agua formados por océanos profundos y hielo, y para entender este extraño mundo, los investigadores utilizaron avanzadas simulaciones informáticas que recrean la evolución del planeta durante casi cinco mil millones de años.
Los modelos sugieren que el manto del planeta está formado principalmente por silicatos fundidos, similares a la lava terrestre, creando un océano global de magma que podría extenderse miles de kilómetros bajo su superficie, y ese gigantesco reservorio fundido actúa como un almacén de azufre, capaz de retenerlo durante escalas de tiempo geológicas.
Además, ese océano de magma contribuye a mantener una atmósfera densa rica en hidrógeno, donde se encuentran gases como el sulfuro de hidrógeno, y aunque normalmente ese gas se perdería en el espacio debido a la radiación procedente de la estrella anfitriona, el intercambio químico entre el interior fundido y la atmósfera ha permitido conservarlo durante miles de millones de años.
El autor principal del estudio, Harrison Nicholls, ha explicado que el descubrimiento podría obligar a replantear las categorías actuales con las que los astrónomos han descrito los planetas pequeños, y ha explicado que, aunque es poco probable que un planeta fundido como este pueda albergar vida, su estudio revela la enorme diversidad de mundos que existen fuera del Sistema Solar y plantea la posibilidad de que haya muchos más planetas similares aún por descubrir.
El telescopio James Webb revela claves sobre exoplanetas
Las observaciones realizadas en 2024 con el telescopio espacial James Webb detectaron dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera del planeta, y los modelos indican que estos gases se generan cuando la radiación ultravioleta de su estrella desencadena reacciones químicas en la atmósfera.
Al mismo tiempo, el océano de magma bajo la superficie actúa como un gigantesco depósito que absorbe y libera estos compuestos a lo largo del tiempo, y esa interacción entre el interior del planeta y su atmósfera es la que explicaría las propiedades inusuales detectadas por los telescopios.
El telescopio espacial sigue así proporcionando información clave sobre exoplanetas, y las futuras misiones espaciales, como 'Ariel' y 'PLATO' –las dos de la ESA, para estudiar cientos de exoplanetas–, podrían ampliar aún más este conocimiento y comprender mejor cómo se forman y evolucionan y predecir cuáles podrían ser habitables.
FEW (EFE, Universidad de Oxford, Nature Astronomy)
Los objetos interestelares son visitantes excepcionales: fragmentos de otros sistemas planetarios que atraviesan fugazmente el nuestro y ofrecen una oportunidad única para estudiar material formado más allá del Sol. El descubrimiento de 3I/ATLAS abrió precisamente esa posibilidad. Como otros de su tipo, funciona como una auténtica "cápsula del tiempo" cósmica: el objeto expulsa dióxido de carbono y vapor de agua que podrían haberse formado hace miles de millones de años.
El problema es que "llegó tarde". Para cuando los astrónomos lograron detectarlo, en julio de 2024, el visitante interestelar ya se encontraba dentro de la órbita de Júpiter y avanzaba a más de 60 kilómetros por segundo. En octubre alcanzó su máxima aproximación al Sol y desde entonces se aleja rápidamente hacia el espacio profundo, lo que dejó muy poco margen para planificar una misión directa desde la Tierra.
El desafío de alcanzar un cometa interestelar
Aun así, algunos científicos creen que la oportunidad no está completamente perdida. Y proponen una idea audaz: todavía sería técnicamente posible enviar una sonda para observarlo de cerca. Sería una apuesta arriesgada, capaz de poner a prueba los límites de la ingeniería espacial, pero que, según aseguran, podría valer la pena.
De acuerdo con un estudio liderado por Adam Hibberd, de la Iniciativa para Estudios Interestelares, junto con Marshall Eubanks (Space Initiatives Inc.) y Andreas Hein (Universidad de Luxemburgo), todavía existe una ventana teórica para interceptar el objeto. El trabajo –disponible como preimpresión en arXiv y enviado para publicación en el Journal of the British Interplanetary Society– propone lanzar una misión en 2035 que podría alcanzar a 3I/ATLAS hacia 2085, según reporta Space.com.
Para entonces, agrega el medio especializado, el cometa estaría a más de 732 unidades astronómicas del Sol –es decir, 732 veces la distancia entre la Tierra y nuestra estrella–, más de cuatro veces la distancia que ha recorrido Voyager 1 en casi 48 años.
La fecha de 2035 no es arbitraria: ese año se produciría la alineación más favorable entre la Tierra, Júpiter, el Sol y 3I/ATLAS, lo que permitiría minimizar los requisitos de propulsión y el tiempo total de vuelo.
El objeto interestelar 3I/ATLAS, fotografiado por la sonda china Tianwen-1.Imagen: CNSA/Xinhua/IMAGO
Maniobra Oberth: la clave para una misión récord
La propuesta se basa en el llamado efecto Oberth, formulado en 1929 por el científico austrohúngaro Hermann Oberth. El principio es sencillo: cuanto más rápido se mueve una nave cuando enciende sus motores, mayor es el impulso que obtiene. El truco consiste en utilizar la gravedad del Sol como una especie de catapulta: la nave se acercaría a la estrella y aceleraría justo en el punto más cercano de su trayectoria –el perihelio– cuando su velocidad es máxima.
"Prácticamente todos los lanzamientos utilizan el efecto Oberth", explicó Eubanks a Space.com. "Sin embargo, no encuentro ningún registro de una maniobra directa como la que proponemos, con una combustión importante del cohete en el punto más cercano durante un sobrevuelo", agregó.
A modo de comparación, señala Space.com, Voyager 1 –el objeto humano más lejano– se encuentra hoy a unas 170 unidades astronómicas del Sol tras casi medio siglo de viaje; la interceptación de 3I/ATLAS podría producirse a más de 700 UA de nuestra estrella.
Por otra parte, el tiempo de vuelo dependería del delta–V –el cambio de velocidad– logrado durante la maniobra solar. Con 8,36 km/s, la interceptación ocurriría tras unos 50 años; si se alcanzaran 10,36 km/s, podría producirse en 30 años. No sería un salto imposible: la sonda Dawn de la NASA alcanzó 11 km/s.
Si funcionara, el resultado sería una nave que alcanzaría la mayor velocidad jamás lograda por un artefacto humano, "por un buen margen", según Eubanks.
La Parker Solar Probe soportó temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, sirviendo de referencia para la misión propuesta hacia 3I/ATLAS.Imagen: NASA
Desafíos técnicos extremos: calor solar y trayectoria compleja
Pero acercarse tanto al Sol tiene un precio. Según explican los científicos en su estudio, la nave tendría que pasar por el perihelio a apenas 3,2 radios solares del centro del Sol y encender sus motores en ese punto crítico, soportando temperaturas extremas.
Como referencia, la Parker Solar Probe ha soportado temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, aunque no llegó tan cerca como lo haría la misión propuesta. Para resistir condiciones similares, los investigadores sugieren utilizar un escudo térmico de compuesto de carbono con capas adicionales de aerogel.
La trayectoria propuesta también es poco intuitiva. En lugar de dirigirse directamente al objeto, la nave volaría primero hacia Júpiter durante aproximadamente un año. Allí utilizaría la gravedad del gigante gaseoso para frenar y redirigir su trayectoria hacia el Sol; sin ese paso, la nave –que ya se mueve con la velocidad orbital de la Tierra, unos 30 km/s– simplemente seguiría orbitando en una trayectoria amplia.
Tras ese frenado gravitatorio vendría el acercamiento solar y la maniobra Oberth. A diferencia de la Parker Solar Probe –que utilizó múltiples sobrevuelos de Venus para ajustar su trayectoria– la misión hacia 3I/ATLAS tendría poco margen para realizar maniobras de este tipo debido a la alta velocidad del objeto.
Los investigadores en su estudio proponen lanzar la misión con una Starship Block 3 de SpaceX repostada en órbita terrestre baja. El interceptor tendría una masa cercana a 500 kilogramos, comparable a la de New Horizons, y utilizaría dos o tres propulsores de combustible sólido para el impulso en el perihelio.
El Observatorio Rubin ya opera en Chile y promete revolucionar la detección de objetos interestelares.Imagen: H. Stockebrand/NSF-DOE Vera C. Rubin Observatory/dpa/picture alliance
Alternativas y futuro de la exploración interestelar
Más allá de la viabilidad de la misión, surge una pregunta clave: ¿merece la pena perseguir a 3I/ATLAS durante décadas? La duda es razonable, sobre todo porque el Observatorio Vera C. Rubin, que ya ha comenzado operaciones en Chile, podría detectar alrededor de un cometa interestelar al año, un gran salto frente a los tres identificados hasta ahora.
"Tendremos que esperar a ver qué pasa", señaló Eubanks a Space.com. "Quizás después de que se hayan encontrado, digamos, diez objetos interestelares, 3I parezca algo habitual y no merezca la pena organizar una expedición para perseguirlo".
Por otra parte, debido a las enormes velocidades implicadas, la misión solo permitiría un breve sobrevuelo, lo que limitaría considerablemente el retorno científico de una empresa tan ambiciosa.
Por eso, algunos investigadores consideran más prometedor desarrollar otras arquitecturas de misión: sondas ya posicionadas en el espacio, listas para interceptar visitantes interestelares cerca del perihelio sin necesidad de maniobras solares de Oberth tan arriesgadas.
De hecho, como recoge Universe Today, la Agencia Espacial Europea (ESA) planea lanzar su misión Comet Interceptor a finales de 2028. La nave se "aparcará" en el punto de Lagrange L2, donde esperará hasta que aparezca un objetivo adecuado. Este enfoque podría permitir estudiar futuros visitantes interestelares de forma mucho más práctica.
Aun así, las maniobras solares de Oberth no deberían descartarse. Podrían resultar útiles para explorar objetos transneptunianos, o incluso para alcanzar el hipotético Planeta Nueve, que se estima podría encontrarse entre 290 y 800 unidades astronómicas del Sol.
"Estoy bastante seguro de que, cuando desarrollemos la capacidad de alcanzar estos objetos interestelares, habrá un fuerte deseo de explorar directamente al menos algunos de ellos", concluyó Eubanks.
Por ahora, 3I/ATLAS continúa alejándose del sistema solar rumbo al espacio interestelar, llevando consigo pistas sobre sistemas planetarios lejanos. Quizá nadie lo alcance jamás. O quizá, dentro de muchas décadas, una pequeña sonda terrestre logre interceptarlo para intentar descifrarlas.
Un equipo de científicos halló nuevas pistas que sugieren la existencia de rayos en Marte, según un estudio publicado recientemente en la revista Science.
El hallazgo se produce casi tres meses después de que otros investigadores reportaran pruebas similares con ayuda del instrumento SuperCam del róver Perseverance de la NASA, como informó DW.
Esta vez, la evidencia proviene de datos recopilados en junio de 2015 por la misión MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution), también de la NASA.
Un fenómeno difícil de detectar
Identificar estas descargas eléctricas en el planeta rojo no es sencillo. A diferencia de la Tierra, Marte posee una atmósfera mucho más tenue y un campo magnético débil. Además, estos eventos no se manifiestan como grandes relámpagos visibles en el cielo.
Así como propuso la investigación previa, se trataría más bien de pequeñas chispas luminosas generadas por torbellinos de polvo con carga electrostática.
"No podemos describirlo como un rayo terrestre, pero el principio es similar. Es un poco difícil imaginar cómo se ve porque nadie ha tomado una foto aún", dice el coautor Ondřej Santolík, físico espacial de la Academia Checa de Ciencias, en declaraciones recogidas por Scientific American.
Karen Alpin, física espacial de la Universidad de Bristol que no participó en el estudio, considera que "estamos acercándonos a los rayos de Marte".
Los científicos sugieren que los remolinos de polvo en Marte podrían ser causantes de los rayos en el planeta rojo.Imagen: NASA
La pista del "silbido"
Hace unos tres meses, la NASA perdió contacto con MAVEN, la nave que orbitaba Marte para estudiar su atmósfera. Sin embargo, los datos acumulados por la misión siguen ofreciendo resultados.
Los científicos analizaron 108.418 registros en busca de señales conocidas como "silbidos". Cuando uno de estos fenómenos ocurre, el aire circundante se calienta e ioniza, actuando como una antena natural que emite ondas de radio.
Estas señales —con un sonido parecido a un silbido— han permitido detectar descargas eléctricas en planetas como Júpiter, Saturno y Neptuno.
En el caso marciano, entre todos los registros estudiados apareció una única señal, de apenas 0,4 segundos de duración.
El análisis "debe hacerse visualmente porque es muy difícil que una máquina lo identifique debido al ruido en los datos. Es muy sorprendente que lo hayamos encontrado en absoluto", asegura Santolík.
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Un indicio pequeño, pero significativo
Los autores aclaran que esta evidencia no contradice los hallazgos basados en los datos del Perseverance, aunque reconocen que se trata de una muestra muy limitada para extraer conclusiones definitivas.
El evento detectado "ocurrió en el lado nocturno, en una región con un campo magnético casi vertical, condición necesaria para la propagación exitosa de las ondas a altitudes ionosféricas más altas", explican.
La primera evidencia de rayos en Marte fue conseguida gracias a los datos del Perseverance.Imagen: NASA/JPL-Caltech/MSSS/REUTERS
"Observamos que, si bien las condiciones ionosféricas del lado nocturno se presentaron en aproximadamente un tercio de las instantáneas de ondas analizadas, estas inclinaciones elevadas del campo magnético son extremadamente raras", agregan.
Por ello, los investigadores consideran que la explicación más probable es que la descarga se haya producido durante una tormenta regional o dentro de un remolino de polvo.
Más que una curiosidad marciana
Estudiar rayos en Marte no es solo una cuestión anecdótica de la astronomía. Comprender estos fenómenos podría ayudar a proteger róvers y futuros robots frente a posibles daños eléctricos.
Además, las descargas generan reacciones químicas que podrían influir en procesos vinculados al surgimiento de la vida, lo que despierta el interés científico. Finalmente, hallazgos como este entregan nuevas pistas sobre las características más enigmáticas de Marte.
En la madrugada del 3 de marzo de 2026, la Luna llena cambiará de rostro. Durante varias horas, el satélite se deslizará por la sombra de la Tierra y, en algunos rincones del planeta, se teñirá de un rojo cobrizo intenso. Será un eclipse lunar total: uno de esos espectáculos astronómicos que no exigen telescopio ni conocimientos técnicos, apenas paciencia y un cielo despejado.
El fenómeno ocurre cuando la Tierra, el Sol y la Luna quedan alineados. En ese momento, nuestro planeta bloquea la luz solar directa y su sombra comienza a cubrir el disco lunar. El satélite no desaparece; al contrario, adquiere un tono rojizo que le ha valido el apodo de "luna de sangre".
Ese color surge porque la luz solar que logra alcanzarlo atraviesa antes la atmósfera terrestre, que filtra las longitudes de onda más azules y deja pasar las rojizas. Como explica la NASA, es como si todos los amaneceres y atardeceres del planeta se proyectaran simultáneamente sobre la superficie lunar.
Cómo se forma la "luna de sangre"
El fenómeno avanza por etapas. Primero, la Luna entra en la penumbra, donde el oscurecimiento es leve. Luego comienza la fase parcial: la umbra empieza a cubrir el disco y una porción se vuelve visiblemente más oscura. El punto culminante llega con la totalidad, cuando la Luna queda por completo dentro de la sombra terrestre y adquiere su tono rojizo. Según la NASA, en esta ocasión esa fase comenzará a las 6:04 a. m. ET (11:04 UTC) y durará aproximadamente una hora.
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La posibilidad de presenciarla dependerá de la ubicación geográfica. La NASA prevé que la totalidad será visible al atardecer en el este de Asia y Australia, durante toda la noche en el Pacífico y en la madrugada en América del Norte, América Central y el extremo occidental de América del Sur. En Asia central y buena parte de Sudamérica, el eclipse será solo parcial, mientras que en África y Europa no podrá observarse.
¿Dónde será visible el eclipse del 3 de marzo en Latinoamérica?
En América Latina, la experiencia cambiará de manera notable según dónde se esté. En algunos puntos el espectáculo será pleno; en otros, apenas un matiz en el cielo del amanecer.
En México, el eclipse será total. La fase de totalidad comenzará a las 5:04 a. m. (hora local) y alcanzará su punto máximo a las 5:33 a. m. La Luna se ocultará a las 6:58 a. m., de modo que puede que haya margen suficiente para contemplarla teñida de rojo, aunque hacia el final el cielo empezará a aclarar. Las estadísticas juegan a favor: en Ciudad de México la nubosidad promedio histórica para esa fecha ronda apenas el 9 %.
Más al sur, en Bogotá, el fenómeno será más discreto. Allí no se alcanzará la totalidad: solo una parte del disco lunar entrará en la umbra terrestre, por lo que el eclipse será parcial. El máximo local se producirá a las 5:57 a. m., pero la Luna se pondrá casi de inmediato, a las 6:08 a. m., lo que deja una ventana muy estrecha para observarlo. Además, el clima no parece colaborar: la nubosidad promedio en esa época del año alcanza el 78 %.
En Santiago de Chile también se verá un eclipse parcial y con el tiempo contado. El máximo está previsto para las 7:31 a. m. y la Luna se pondrá apenas dos minutos después, a las 7:33 a. m. Incluso con cielo despejado —algo relativamente probable, dado que la nubosidad promedio histórica es de alrededor del 10%— la luz del amanecer reducirá notablemente el contraste del fenómeno.
En Buenos Aires, en cambio, el eclipse será solo penumbral: la Luna atravesará la zona exterior de la sombra terrestre y el oscurecimiento será sutil, difícil de percibir a simple vista. Además, el satélite se ocultará a las 6:41 a. m., y desde la ciudad no llegará a apreciarse una fase parcial del fenómeno.
No hace falta telescopio ni binoculares para disfrutar del eclipse, aunque ambos pueden enriquecer la experiencia al revelar matices de color y detalles de la superficie lunar.
En buena parte de América Latina será importante contar con un horizonte despejado hacia el oeste, ya que la Luna estará baja y próxima a ocultarse durante el eclipse.
También conviene alejarse de las luces artificiales, aunque el principal desafío será la claridad del amanecer: el aumento progresivo de la luz natural reducirá el contraste del tono rojizo, incluso con cielo despejado.
En los lugares donde la totalidad ocurra todavía bajo un cielo oscuro, el efecto puede ser particularmente llamativo: al disminuir el brillo habitual de la Luna, las estrellas cercanas se harán más visibles de lo normal. Durante ese tramo del fenómeno, el satélite se encontrará en la constelación de Leo, un detalle adicional para quienes disfrutan ubicar referencias en el firmamento.
La NASA ha completado con éxito las pruebas de la misión Artemis II, que orbitará la Luna con cuatro astronautas a bordo. El pasado 3 de febrero se detectaron varios fallos, incluidas fugas de combustible, que obligaron a suspender el primer viaje lunar de astronautas en más de medio siglo.
Por segunda vez este mes, los equipos de lanzamiento bombearon más de 700.000 galones (2,6 millones de litros) de combustible superfrío al cohete. La NASA completó la prueba a altas horas de la noche y afirmó que la fuga de hidrógeno fue mínima, dentro de los límites de seguridad. Era la prueba más crítica durante dos días de ensayos. Hoy ha informado de que ha logrado completar todos los test, ha detenido la cuenta regresiva del lanzamiento cuando ya se había cargado el combustible y un equipo había acudido para comprobar el cierre de las escotillas de la nave espacial Orion, en la que viajarán los cuatro astronautas.
Los cuatro astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen) observaron parte de la prueba desde el Centro de Control de Lanzamiento del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida. La tripulación tiene previsto iniciar hoy por la noche (20.02.2026) una cuarentena para limitar su exposición a posibles enfermedades antes del lanzamiento, un periodo de resguardo que está programado durante catorce días, por lo que el despegue debería realizarse a partir del próximo 6 de marzo, aunque aún no se ha fijado la fecha oficial.
La NASA ofrecerá una conferencia de prensa a las 11:00 hora local (17:00 CET), que será retransmitida en directo a través del canal de Youtube de la agencia. La nave espacial Orion que alojará a los cuatro astronautas será propulsada al espacio por el 'Sistema de Lanzamiento Espacial' (SLS, el cohete más potente construido hasta ahora por la NASA, de 98 metros de altura) y deberá dar varias vueltas a la Tierra antes de emprender un viaje de cuatro días hasta la Luna, sobrevolar el satélite y regresar, en una misión que se prolongará durante diez días, durante los cuales los astronautas tomarán en varias ocasiones el control manual de la nave para realizar varias comprobaciones y demostraciones.
El cohete artemis, de 98 metros de altura, con la Luna al fondo.Imagen: Sam Lott/NASA/AP Photo/dpa/picture alliance
Allanando el camino para llegar a Marte
Artemis II es la segunda misión del Programa Artemis tras el vuelo no tripulado que se realizó en 2022, y precede a las siguientes misiones, en las que está previsto que los astronautas vuelvan a pisar suelo lunar y comience así el establecimiento de la presencia permanente en el satélite natural de la Tierra y la construcción de la estación orbital Gateway.
Según el nuevo administrador de la NASA, Jared Isaacman, ya promete rediseñar las conexiones de combustible entre el cohete y la plataforma antes del próximo lanzamiento de Artemisa III, que ya sí que incluirá, en pocos años, que dos astronautas desembarquen cerca del polo sur lunar. "No lanzaremos a menos que estemos listos y la seguridad de nuestros astronautas seguirá siendo nuestra máxima prioridad", declaró la semana pasada en X.
La estación Gateway, además de 'conectar' y coordinar las misiones entre la Tierra y la Luna, servirá para realizar numerosos experimentos científicos fuera de la magnetosfera terrestre y para probar tecnologías que pueden ser clave para viajes más largos y servir de paso intermedio para futuras misiones tripuladas -entre ellas a Marte-, dentro de un proyecto internacional que lidera la NASA e involucra a numerosas agencias.
Pequeños fallos durante el ensayo
Sí se registraron algunos problemas, ya que al inicio de las operaciones de abastecimiento de combustible, los equipos experimentaron una pérdida de comunicaciones terrestres en el Centro de Control de Lanzamiento, y los operadores recurrieron temporalmente a métodos de comunicación de respaldo para mantener la seguridad de las actividades de carga del combustible hasta que se restablecieran los canales de comunicación normales, pero los ingenieros lograron aislar el equipo que causó el problema.
Durante los próximos días, los técnicos utilizarán grúas para instalar plataformas de acceso temporales en el lanzador móvil, y esas plataformas les permitirán acceder a los segmentos superiores de los propulsores de cohetes sólidos del 'SLS' y al tanque intermedio para realizar el mantenimiento del sistema de terminación de vuelo y volver a probarlo para que cumpla con todos los requisitos de seguridad, ha subrayado la NASA.
La Agencia ha explicado que las plataformas se desarrollaron a partir de las lecciones aprendidas durante la misión Artemis I y permiten a la NASA completar las pruebas completas del sistema de seguridad desde la plataforma de lanzamiento, sin necesidad de regresar al Edificio de Ensamblaje de Vehículos del Centro Espacial Kennedy de la NASA para realizar nuevas pruebas