La Organización de Naciones Unidas para la Infancia prevé suministrar 2.000 millones de dosis a 92 países durante 2021, con el apoyo de grandes empresas aéreas y marítimas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) trabaja con grandes aerolíneas y con empresas de transporte para preparar el suministro de vacunas contra el COVID-19 a 92 países en cuanto estén disponibles, en lo que será la mayor operación de este tipo en toda la historia, se informó este domingo (22.11.2020).

En un comunicado, la agencia de la ONU explicó que está estudiando la logística necesaria para transportar cerca de "Mientras continúa el trabajo para desarrollar vacunas contra el COVID-19, UNICEF está acelerando los esfuerzos con aerolíneas, empresas de carga, navieras y otras asociaciones de logística para suministrar vacunas vitales de la forma más rápida y segura posible”, señaló en la nota Etleva Kadilli, directora de la División de Suministros de la agencia.

Según UNICEF, esta colaboración debe asegurar que haya capacidad de transporte suficiente para una "operación histórica y descomunal” de entrega de vacunas, jeringuillas y más equipos de protección para los trabajadores de primera línea.

En las próximas semanas, UNICEF tiene previsto analizar la capacidad de transporte existente para identificar posibles problemas y necesidades en la que se espera que sea la mayor y más grande operación de suministro de este tipo en toda la historia.

La agencia de la ONU, en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se va a encargar de coordinar la compra y entrega de vacunas para 92 países de ingresos bajos y medios.

Serán vacunas de fabricantes que han llegado a acuerdos con la plataforma Covax, el mecanismo liderado por la Alianza de Vacunas Gavi, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para facilitar el acceso a la inmunización a todos los países.

gs (efe, IPS)

Un nuevo estudio de la Universidad de Oxford sugiere que el COVID-19 puede provocar a largo plazo trastornos de ansiedad, depresión e insomnio.

Casi un año después de la aparición del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sabemos que el agresivo patógeno no solo ataca los pulmones y las vías respiratorias, sino que también puede causar graves daños al corazón, los vasos, los nervios, los riñones y la piel. En julio, neurólogos británicos nos impactaron con la noticia de que el SARS-CoV-2 puede causar graves daños al cerebro y al sistema nervioso central, incluso en pacientes con síntomas leves o en aquellos que ya se han recuperado, provocando psicosis, parálisis y derrames cerebrales que a menudo se detectan tarde.

Ahora los científicos del Centro de Investigación Biomédica de Oxford han descubierto que la enfermedad COVID-19 puede causar problemas psicológicos en uno de cada cinco pacientes. El aislamiento y la soledad, en particular, provoca cada vez más trastornos de ansiedad, depresión e insomnio. Los investigadores han publicado sus resultados en la revista "Lancet Psychiatry".

Casi un 6% diagnosticado por primera vez

Para el estudio a gran escala, evaluaron alrededor de 70 millones de registros médicos electrónicos en EE. UU. junto con la red de asistencia sanitaria TriNetX. Estos incluyeron 62.000 pacientes COVID-19 con un curso leve de la enfermedad. El estudio investigó si estos pacientes experimentaban problemas psicológicos en un espacio de dos semanas a tres meses después del diagnóstico.

Según el estudio, el 18% de los pacientes COVID-19 fueron diagnosticados con enfermedades mentales durante este período, es decir, casi uno de cada cinco pacientes con la enfermedad. Y el 5,8% de ellos fueron diagnosticados con una enfermedad mental por primera vez.

Comparación con otras enfermedades

Para asegurarse de que estas enfermedades mentales estuvieran directamente relacionadas con el COVID-19, los datos también se compararon con otras seis enfermedades durante el mismo período: gripe, otras infecciones respiratorias, infecciones de la piel, cálculos biliares, piedras en el tracto urinario y fracturas de huesos. Sin embargo, solo entre el 2,5 y el 3,4% de las personas con estas enfermedades fueron diagnosticadas con problemas psicológicos.

Symbolbild | Quarantäne | Cornavirus (picture-alliance/dpa/Lehtikuva)

La falta de ejercicio y la ausencia de contacto social suponen una carga adicional para la salud mental.

"Este hallazgo fue inesperado y debe ser investigado. Mientras tanto, la existencia de un trastorno psiquiátrico debería añadirse a la lista de factores de riesgo por COVID-19", dijo Max Taquet, del Instituto Nacional de Investigación de la Salud y uno de los autores del estudio.

No debe sobrestimarse el estudio

Al mismo tiempo, los investigadores británicos advierten que no se debe sobrestimar la evaluación de los registros sanitarios electrónicos, ya que todavía no hay una explicación concluyente de algunas anomalías. Según los datos, las personas con una enfermedad mental tienen un 65% más de riesgo de infectarse con el SARS-CoV-2.

La demencia en los pacientes con COVID-19 fue diagnosticada dos veces más a menudo de lo habitual en los últimos tres meses. Sin embargo, esto no significa necesariamente que el SARS-CoV-2 tenga un efecto directo en el cerebro. Posiblemente la demencia también fue simplemente diagnosticada con mayor frecuencia porque se examinó a más personas, según explicó Paul Harrison, profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford.

Woman Awake In Bed Suffering With Insomnia (Colourbox/Monkey Business Images)

COVID-19: Los trastornos de ansiedad, la depresión y el insomnio son consecuencias comunes a largo plazo.

Otros factores de riesgo no considerados

En el estudio se ignoró el sexo o la edad de los pacientes, así como también si fuman o consumen drogas. Todos estos son factores que aumentan el riesgo de enfermedades mentales. No se tuvieron en cuenta los aspectos socioeconómicos ni el estrés general causado por la pandemia.

El riesgo de enfermedad es mayor en el caso de las personas con menos recursos debido a las malas condiciones de trabajo y al hacinamiento de las viviendas. Ellos también sufren con mayor frecuencia de enfermedades mentales.

Solo los próximos años revelarán de qué forma puede realmente el nuevo coronavirus causar daños a largo plazo y provocar enfermedades mentales.

Los Estados miembros de la UE tienen ahora cinco días para decidir si participan en el contrato conjunto.

El colegio de comisarios de la Comisión Europea (CE) dio este miércoles (11.11.2020) luz verde a la firma del contrato para adquirir 300 millones de dosis de la futura vacuna que desarrollan la farmacéutica estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech, que prometen un 90% de efectividad.

"El colegio autoriza el (...) contrato con la compañía farmacéutica BioNTech-Pfizer", dijo en rueda de prensa el portavoz jefe de la Comisión Europea, Eric Mamer, quien subrayó que la vacuna se adquirirá sólo "una vez se demuestre segura y efectiva contra el COVID-19".

A partir de ahora, los Estados miembros tienen cinco días para decidir si participan en el contrato conjunto y, sólo superado este trámite, se finalizará y firmará el acuerdo de precompra de esa vacuna, aún experiental pero que sus desarrolladores dicen ofrece un 90% de efectividad.

La CE también ha firmado acuerdos similares con otras farmacéuticas como AstraZeneca, Sanofi-GSK y Johnson & Johnson y ha concluido las conversaciones con CureVac y Moderna.

El plan de la Comisión es que las vacunas se repartan simultáneamente a los Estados miembros en función de su población, con lo que a España le correspondería en torno al 10% de las dosis, lo que le serviría para vacunar aproximadamente a más al 5% de la población, al ser necesarias dos dosis para inmunizar a una persona.

No obstante, todas ellas deberán ser aprobadas antes por la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

eal (efe, reuters)

 

El voto femenino y el de las minorías negra, latina, asiática, más los jóvenes, fueron el fiel de la balanza el 3 de noviembre pasado y, aunque sea por milímetros, hicieron la diferencia entre Joe Biden y Donald Trump.

Marco es ciudadano cubano-estadounidense, tiene 23 años de edad y vive en California. En 2016 estaba registrado para votar en la elección presidencial en la que compitieron por el Partido Republicano Donald Trump, y por los demócratas, Hillary Clinton. Pero en vez de ir a la casilla o emitir su voto por correo, se quedó en casa. No le gustaba ninguno de los dos candidatos. Clinton le parecía artificial y desconectada con los jóvenes, y Trump demasiado inepto. Marco no quiso ser parte de esa historia y rechazó inaugurar su vida electoral.

El 3 de noviembre pasado se encontró en la misma disyuntiva. En su familia, como en muchas otras familias estadounidenses, hubo un largo debate sobre por quién se debía votar. La polarización generó una insidia que permeó profundamente no solo a la familia de Marco, sino a toda una nación.

Anabel Hernández, periodista mexicana y autora de esta columna

Anabel Hernández, periodista mexicana y autora de esta columna

Llegó a ser tan sensible el tema, que yo misma presencié reuniones familiares en las que antes de sentarse a la mesa se recomendaba no hablar del tema electoral. Paulina la esposa del papá de Marco, pidió evitar el tema porque una amiga de la familia, Cynthia, era radical opositora de Trump, mientras que el padre de Marco, como muchos otros cubano-estadounidenses en Florida, era igual que radical en contra de Biden y a favor de Trump.

No es exagerado decir que el aire era tan denso que se cortaba con un cuchillo en cuanto alguno, de una posición política u otra, rompía las reglas del territorio neutral familiar creado por Paulina. Los desacuerdos políticos entre la familia y amigos llegaron a ser tan ásperos que difícilmente se borrarán con rapidez.

Trump ganó en el estado de Florida con muchos votos de cubano-estadounidenses

Trump ganó en el estado de Florida con muchos votos de cubano-estadounidenses

La evolución de un voto

Marco fue evolucionando durante todo el proceso electoral. Primero estaba fastidiado del tema y pensó no presentarse a votar de nuevo. Con el tema del coronavirus, estaba más preocupado por poder mantener aunque sea algunas horas de su empleo y poder seguir las complicadas clases online de economía y estadística del "College" de su ciudad. Después pensó que, en medio de un debate nacional tan intenso, debía manifestar su posición: iría a la casilla para anular su voto, porque no se sentía representado por ninguno de los dos candidatos.

El 3 de noviembre se levantó a las seis y media de la mañana y caminó quince minutos a la casilla electoral. Ahí le dieron guantes, desinfectante de manos y una especie de pluma. Firmó digitalmente en su registro electoral y lo pusieron frente a la pantalla de una tablet. En ese momento, Marco pensó en sus muchos amigos que en el gobierno de Trump no habían podido obtener o renovar sus visas y ahora eran indocumentados, que no tenían seguro médico para enfrentar la crisis del coronavirus, y que en la crisis de desempleo nunca ontendrían un bono de desempleo.

Ahí Marco decidió votar por Biden, porque si bien no se sentía representado por él, confió en que su Presidencia beneficiaría a los amigos que no tenían sus mismas ventajas. Ante sus ojos, una máquina imprimió su voto y lo metió en la urna electoral, convencido de que había hecho algo a favor de las personas que le importaban.

Consigna contra Trump en un barrio latino de California

Consigna contra Trump en un barrio latino de California

Cada voto fue importante

Su voto fue decisivo, junto al de millones de jóvenes que votaron por Biden. De la población estadounidense de 18 a 29 años de edad, el 60 por ciento votó por Biden, en comparación del 2016, cuando 55 por ciento  votó por Clinton. 

Otro sector que marcó la elección presidencial del 2020 fueron las llamadas minorías.  El 87 por ciento de la población afroamericana votó por Biden. El 66 por ciento de los latinos votaron también por el candidato demócrata, al igual que el 63 por ciento de los asiáticos y el 58 de otras minorías.

Y de todos estos sectores, fueron las mujeres quienes dieron la palabra final. El 56 por ciento del electorado femenino votó por Biden y el 43 por ciento por Trump. Mientras que 49 por ciento de los hombres con derecho a votar lo hicieron a favor del todavía Presidente y 48 por ciento por su opositor.

Será por eso que el sábado 7 de noviembre, en cuanto se confirmó la clara ventaja de Biden con 279 puntos electorales, las primeras en salir a las calles fueron mujeres de todas razas y edades, paradas en las principales avenidas de Oakland y sus alrededores, bailando, cantando, alzando sus manos en forma de triunfo,  sonando sus cacerolas en forma de celebración. Ya por la tarde alrededor de Lake Merritt, en Oakland, la tierra natal de la Vicepresidenta electa Kamala Harris, familias enteras se reunieron en una fiesta celebrando la derrota de Trump.

Las elecciones mostraron de nuevo a un país fuertemente dividido

Las elecciones mostraron de nuevo a un país fuertemente dividido

Triunfo por margen estrecho

Pero más allá de las celebraciones multitudinarias en diversas partes de Estados Unidos y el número de votos electorales, el triunfo de Joe Biden fue menos arrollador que los festejos. El estrecho margen de diferencia entre él y Trump -apenas tres puntos porcentuales en número de votos totales por ciudadano- dibuja una línea invisible entre sus electores, la misma línea que existe dentro de la familia de Marco y otros millones de ciudadanos estadounidenses: la polarización que tendrá efectos colaterales, independientemente de la oficialización del triunfo electoral de Biden.

Biden ha obtenido hasta ahora más votos en 24 de los 51 estados que conforman Estados Unidos, y Trump, en 23. Y si bien las minorías votaron mayoritariamente por Biden, el 57 por ciento del electorado de piel blanca votó por el candidato republicano; 76,1 millones de electores escogieron al demócrata y 71,5 por Trump.

Biden pronunció un discurso sumamente mesurado luego de las elecciones

Biden pronunció un discurso sumamente mesurado luego de las elecciones

Es por eso que el discurso de Biden el 6 de noviembre, cuando ya estaba seguro de que los votos electorales lo favorecían, fue sumamente mesurado. Dejó a un lado el triunfalismo e hizo un llamado a la reunificación del país  reiterando que sería el presidente de vencedores y vencidos. Pero no serán las palabras las que unifiquen a un país profundamente dividido.

El 9 de noviembre en la autopista 101 Norte, pasando Gilroy, California, decenas de personas apostadas en un puente vehicular se manifestaban a favor de Trump paralizando el tráfico. "Detengan el robo”, "detengan el fraude”, "las plegarias salvan naciones” , "Nosotros defendemos nuestra libertad”, entre otros.

Negar o menospreciar la existencia de esta gran parte de la población que se siente representada por Trump, sería ignorar la señal de alerta de los albores de lo que puede convertirse en un conflicto social interno en la primer potencia del mundo.

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