El privilegio de aburrirse

Dra. Brenda Ortiz Coss

El aburrimiento se define como un cansancio del ánimo originado por falta de estímulo o distracción, o por molestia reiterada.[i] En esta cuarentena el aburrimiento se ha convertido en parte de nuestra cotidianidad, incluso ha generado controversia. Por un lado, se vierten opiniones acerca de que el tiempo con el que contamos debe ser aprovechado en actividades de esparcimiento como la lectura y el ejercicio de las artes. Pocas son las voces que abogan por la experiencia del aburrimiento, es decir, el espacio de nuestras vidas en los que no recibimos estímulo alguno o estamos tan hartos de él que ya no nos interesa.

Tal vez sea una cuestión generacional. Crecimos estimulados por caricaturas, videojuegos y aún tuvimos el placer de jugar en la calle cuando la casa ya no ofrecía aventuras. Más grandecitos presenciamos la irrupción de la tecnología computacional y la saturación de móviles inteligentes, lo cual implica que teníamos vastos recursos para evitar el aburrimiento. Las recientes generaciones no pueden imaginar su diario vivir sin la presencia de estos dispositivos y la recurrencia a la internet.

Quizá sea sólo cuestión de personalidades, algunos disfrutan el silencio y la tranquilidad que favorecen la introspección, mientras que otros requieren mantenerse ocupados y, más que eso, divertidos, en medio de música, carcajadas y bromas.

El tema del aburrimiento parece baladí, pero ha habido personas suficientemente aburridas para estudiarlo, comprenderlo y explicarlo. Por ejemplo, en El arte de saber aburrirse, Sandi Mann[ii] advierte que en nuestro mundo admitir que estamos aburridos se percibe como algo vergonzoso que sugiere una falta o defecto de la persona aburrida (aunque las personas “aburridas” tienden a ser personas estables y concienzudas). Señala, además, que es válido permitir que los niños se aburran, pues se han convertido en dependientes pasivos de proveedores externos de entretenimiento, por lo que el aburrimiento podría conducirlos a crear su propia estimulación. Sugiere, finalmente, que desaceleremos e intentemos paliar la enfermedad de no perder el tiempo porque necesitamos abrazar el tedio y valorar el tiempo de inactividad.

Así como los psicólogos han estudiado el aburrimiento a la par del estrés y la depresión (tienen en común que han sido tomadas cada vez más en serio), los filósofos ya habían contribuido al tema desde principios del siglo XX. Por ejemplo, Krakauer explicaba en 1924[iii] que el aburrimiento era inevitable porque la gente no se detenía en un solo lugar y su sí mismo estaba perdido, así que quedaba sin explicar y sin propósito. Sugería que el aburrimiento está ligado a una cultura que enfatiza una producción aburrida, luego recompensada con entretenimiento y ocio. Krakauer distinguía dos clases de aburrimiento: el correcto y el vulgar. El correcto nos lleva a no tener miedo a aburrirnos, a asumir el ocio como una bendición, mientras que el vulgar nos lleva a huir del aburrimiento, pero esta huida genera más y más aburrimiento. Para estar correctamente aburrido uno debe atreverse a no producir, a ser perezoso, a suspender toda acción, olvidando el propósito de las cosas y el conocimiento útil. Ya que el aburrimiento nos aliena de nosotros mismos, paradójicamente, es la única manera de acceder a nuestra auténtica existencia y, en última instancia, a la libertad.

El aburrimiento también es apreciado como un medio para acceder a la creatividad, para encontrar nuevas maneras de hacer las cosas, para replantearnos si lo que estamos haciendo nos satisface. Asimismo, cuando estamos aburridos soñamos despiertos, divagamos y podemos en el proceso concretar algún plan o anticipar nuestras metas, o bien, reflexionar sobre nosotros mismos y explorar las profundidades de nuestro pensamiento.

La situación que estamos atravesando a causa de la cuarentena debe conducirnos a reflexionar acerca de si nuestro aburrimiento es un privilegio, considerando que hay personas que no pueden darse el espacio y los instantes para dejar de producir. Sin duda, las actividades que podemos realizar durante nuestro tiempo libre son innumerables y provechosas, pero el aburrimiento no es un enemigo a vencer; puede ser un aliado en la búsqueda del equilibrio emocional y psíquico aplicado, como señalan los expertos, de forma correcta y sabia.

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[i] Según el Diccionario de la Real Academia Española.

[ii] Mann, Sandi, El arte de saber aburrirse, Editorial Plataforma, Barcelona, 2017. Sobre el tema se encuentran los siguientes artículos:

“6 beneficios de estar aburrido (científicamente probados)”, Inés Álvarez (09/02/16). Disponible en:

https://forbes.es/lifestyle/8429/6-beneficios-de-estar-aburrido-cientificamente-probados/

“Siete cosas del aburrimiento que te conviene saber” (10/01/19). Disponible en:

https://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2019/01/10/5c349c46fc6c83fa108b469d.html

[iii] Citado en Basso Monteverde, Leticia (comp), Heidegger y la hermenéutica: “15. La carga y la bendición del aburrimiento. Consideraciones de Heidegger y Kracauer sobre la Langeweile”, Dmitri Nikulin, disponible en: https://www.teseopress.com/actasieh/chapter/la-carga-y-la-bendicion-del-aburrimiento-consideraciones-de-heidegger-y-de-kracauer-sobre-la-langeweile-footnote-the-burden-and-blessing-of-boredom-heidegger-and-kracauer-on-langeweile/

Consultado el 16/05/2020.

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